Andrea Mira
Académica Escuela de Terapia Ocupacional
Universidad Andrés Bello
En tiempos en que la tecnología ocupa un lugar relevante en nuestras vidas, es urgente volver a mirar el juego infantil desde una perspectiva más humana y menos comercial. Es importante destacar la importancia de la interacción significativa entre padre, cuidadores e hijos durante el juego, más allá del tipo de juguete elegido.
Numerosas investigaciones evidencian que los juguetes electrónicos, aunque atractivos, pueden limitar la calidad de la interacción al reducir el uso de lenguaje variado, gestos y expresiones que son clave en el desarrollo social y del lenguaje. En cambio, los juguetes tradicionales fomentan la creatividad, el juego simbólico y el vínculo afectivo con el adulto.
El valor educativo de un juguete no reside en sus funciones preprogramadas, sino en cómo se utiliza, especialmente si está mediado por un adulto que conversa, observa y responde a las señales del niño. Es fundamental que madres y padres cuestionen las afirmaciones publicitarias sin respaldo científico y elijan juguetes que inviten al juego conjunto y la exploración.
No se trata de demonizar lo electrónico, sino de equilibrar la caja de juguetes y, sobre todo, de recordar que el verdadero motor del desarrollo infantil está en la relación y el juego compartido.
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