#Columna de Opinión

Cuando la nube falla, nos quedamos en el aire

Roberto Larenas Ulloa

Académico Facultad de Ingeniería

Universidad Andrés Bello

A veces, un detalle basta para detener nuestra vida digital. Este martes le tocó a Cloudflare, hace poco fue Amazon y mañana puede ser cualquier otro gigante tecnológico. De pronto, aplicaciones para trabajar, estudiar o simplemente conversar dejan de funcionar. Y descubrimos que gran parte de lo que hacemos depende de sistemas que no vemos.

La nube no es indestructible. Ya lo sabemos, pero lo olvidamos rápido.

Hemos concentrado demasiados servicios en muy pocos actores globales. Cuando uno se cae, no es solo una plataforma que deja de operar, es una parte de nuestra rutina la que queda suspendida. Confiamos en una infraestructura lejana, silenciosa y ajena como si no pudiera fallar.

El problema no es la tecnología, sino la manera en que la hemos organizado, centralizada y sin planes B. La eficiencia nos convenció, pero la resiliencia se nos fue olvidando en el camino.

Ahora imaginemos esta misma caída en un hospital conectado. O en un aeropuerto. O en un banco. Cuánto tardaríamos en sentir que el riesgo ya no es teórico.

La solución no pasa por renunciar a la nube, sino por equilibrar su uso. Necesitamos sistemas híbridos, infraestructura redundante y capacidades locales que permitan seguir funcionando cuando lo global se detiene. También significa formar personas capaces de reaccionar, diagnosticar y resolver sin esperar que otro nos saque de apuros desde lejos.

Por eso vuelve a tomar fuerza el Edge computing, un método de procesamiento local de datos. Acercar los procesos al lugar donde ocurren las cosas, más autonomía y menos dependencia de una única red. Incluso la inteligencia artificial avanza hacia modelos que funcionan directamente en los dispositivos, distribuidos y menos vulnerables a una caída masiva.

Estas fallas, aunque molestas, nos sirven de recordatorio. Nos muestran que la tecnología es una herramienta y no un salvavidas permanente. Si una app no carga o no hay señal, no debería paralizarse todo.

La nube es poderosa, pero también es frágil. Si queremos un futuro verdaderamente conectado y seguro, debemos diseñarlo asumiendo que los sistemas fallan. Lo crítico no puede depender de un solo proveedor ni de un solo clic.

Cuando todo se cae, reaparece lo esencial: nuestra capacidad de organizarnos, de adaptarnos y de no confiarlo todo en una infraestructura que, al final, también es humana. Y por eso, imperfecta.

Notero Regional

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