Jessica Pillow
Jefe de Compensación Global en Deel
La Inteligencia Artificial ya se sentó a la mesa de negociación. Hoy es el recurso predilecto de miles de candidatos para proyectar rangos salariales o estructurar «guiones infalibles» antes de enfrentar a un reclutador. Sin embargo, usar la tecnología como un atajo suele desvalorizar el factor humano, un error que en la práctica, sale muy caro.
Llegar a una entrevista con una cifra dictada exclusivamente por un algoritmo, sin el filtro de la realidad, es una trampa de doble filo; o el profesional se infravalora pidiendo menos de lo que el mercado ofrece, o bloquea la conversación con una expectativa desconectada del contexto financiero de la empresa. La IA entrega promedios basados en grandes volúmenes de datos, pero es incapaz de leer matices críticos como la cultura organizacional, el impacto real del cargo o la composición de un paquete de beneficios que, a menudo, pesa más que el sueldo base.
Negociar no es un intercambio de cifras, sino una interacción humana que exige empatía y dominio del mensaje. Un reclutador nota de inmediato cuando el candidato repite un libreto automatizado; en ese instante, la credibilidad se desvanece.
La IA es un excelente punto de partida para organizar ideas, pero la validación del valor propio es una tarea que ninguna tecnología puede, ni debe, hacer por nosotros.
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