Una revisión de 84 estudios internacionales concluyó que los humedales construidos no solo mejoran la calidad del agua, sino que también favorecen la recuperación de la biodiversidad, fortalecen los ecosistemas y generan beneficios para las comunidades. Investigadoras chilenas destacan su potencial como una solución basada en la naturaleza frente a los efectos del cambio climático.
Los humedales naturales continúan desapareciendo a un ritmo preocupante en todo el mundo. Se estima que entre un 30% y un 75% de su superficie ha sido degradada debido a la contaminación, la expansión urbana y el cambio climático, situación que ha impulsado la búsqueda de soluciones capaces de recuperar sus funciones ecológicas.
En ese contexto, una investigación publicada en la revista científica Nature Based Solutions concluyó que los humedales construidos representan una alternativa eficaz para enfrentar estos desafíos, al replicar procesos físicos, químicos y biológicos propios de los humedales naturales.
El estudio fue liderado por la investigadora doctoral Fabiola Norambuena, del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) y la Universidad Santo Tomás, junto a María José Martínez-Harms (IEB y Universidad Adolfo Ibáñez) y la doctora Daniela López, de la Facultad de Ciencias de la Universidad Santo Tomás.
La revisión analizó 84 investigaciones internacionales con el objetivo de identificar dónde se implementan estos sistemas, cómo funcionan y cuáles son los beneficios que generan para el medio ambiente y las personas.
«Nos interesaba conocer dónde se están implementando los humedales construidos, bajo qué parámetros funcionan y qué beneficios entregan a las comunidades. Analizamos ríos, lagos, pantanos, turberas y otros sistemas de agua dulce», explicó Fabiola Norambuena.
Los humedales construidos son sistemas diseñados para controlar el flujo del agua, la vegetación y los sustratos, adaptándose a las características de cada territorio y al problema ambiental que buscan resolver.
Tradicionalmente se han utilizado para el tratamiento de aguas domésticas, agrícolas e industriales, especialmente en sectores rurales donde no existen sistemas convencionales de saneamiento.
Estos ecosistemas artificiales permiten remover contaminantes como nitrógeno, fósforo, materia orgánica y metales pesados, mejorando significativamente la calidad del agua.
Sin embargo, durante la última década su utilización se ha ampliado hacia la restauración ecológica, favoreciendo el regreso de aves y otras especies silvestres, además de convertirse en espacios para la educación ambiental y la recreación.
Experiencias desarrolladas en los Everglades, en Estados Unidos, proyectos urbanos en China y programas de recuperación de ríos en India muestran los múltiples beneficios que pueden aportar estas soluciones.
En Chile, la investigación sobre humedales construidos aún es incipiente, aunque diversos proyectos comienzan a abrir camino.
Uno de los casos más relevantes corresponde a la Laguna Lo Custodio, en Concepción, donde se desarrolla la tesis doctoral de Fabiola Norambuena.
A ello se suman iniciativas piloto en la cuenca del lago Llanquihue y en la Región del Maule, orientadas a mejorar la calidad del agua y restaurar ecosistemas urbanos.
«Existe un enorme potencial para seguir desarrollando estas tecnologías en nuestro país. Los humedales construidos aparecen como una solución basada en la naturaleza muy prometedora. Sin embargo, todavía necesitamos generar más investigación en Chile que permita desarrollar protocolos y criterios para su implementación», afirmó la investigadora.
La revisión científica también identificó importantes brechas en la investigación internacional.
El 83% de los estudios analizados se concentra exclusivamente en la calidad del agua, mientras que aspectos relacionados con biodiversidad, servicios ecosistémicos y beneficios sociales representan menos del 15% de las investigaciones.
Además, el 62% de la evidencia científica proviene de Estados Unidos y China, sin registros de estudios realizados en Sudamérica dentro del análisis.
Las autoras sostienen que avanzar hacia una restauración efectiva requiere fortalecer el monitoreo de largo plazo, promover una gobernanza participativa e incorporar indicadores que permitan evaluar tanto la eficiencia técnica como los impactos sobre las comunidades y los ecosistemas.
En esa línea, la investigadora Daniela López, del Centro Bahía Lomas de la Universidad Santo Tomás, lidera desde 2025 un proyecto destinado a optimizar el humedal construido de la Laguna Lo Custodio, iniciativa que busca mejorar la calidad del agua y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, reafirmando el potencial de estas soluciones para enfrentar la crisis climática.
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