Por: Fernanda Orrego.
Directora de la Escuela de Psicología
de la Universidad Gabriela Mistral
La regulación del uso de dispositivos en el hogar es un nuevo espacio de desafío para la crianza, algo que no enfrentaron los padres de otras generaciones. Si los niños no pueden usar el teléfono o la tablet en el colegio, quieren hacerlo en la casa, lo que es muy desafiante para los padres en la construcción de límites.
Sin duda, hay preocupación en los progenitores que se ven enfrentados a nuevas conversaciones sobre redes sociales, grupos de WhatsApp, exceso de tiempo en la pantalla y contenido de YouTube que puede ser poco adecuado para los menores.
Ha habido múltiples cuestionamientos frente al tiempo en pantalla y los niños, y ante la falta de información clara y transversal, los padres habían accedido a pasarle un aparato a los niños. Dada la existencia de evidencia científica sobre los posibles daños que provoca el exceso de exposición a las pantallas, redes sociales y el acceso a contenidos inadecuados, algunas familias han optado por restringir ese permiso, y exigiendo que los hijos usen menos los aparatos, generando espacios de tensión en las relaciones.
Ese retroceso es muy difícil de tolerar por un adolescente, ya que su cerebro todavía no regula 100% los impulsos. En su pensamiento egocéntrico, piensa que los papás ‘están siendo pesados’, y le cuesta conectar con el concepto de cuidado frente a un nuevo límite.
¿Qué habilidades parentales hay que ejercer en este caso? Como padre, madre o figura significativa en la crianza, hay que estar seguros del límite que quiero instalar, porque no es saludable los “tiras y aflojas”. Al cambiar nuestra posición y en un momento permitir y al otro día negar, los adultos perdemos un lugar de seguridad frente a nuestros hijos. Esas incongruencias son las que van generando que los padres pierdan la autoridad paternal y dejen de ser referentes.
Poner límites no tiene que ver con gritar más fuerte, ni con quitar el celular de las manos, sino con ser consistente con las reglas y consecuencias que hemos establecido. Es decir, hay que establecer límites en que madre y padre sean un equipo, y sumen a los otros adultos significativos de la familia, para que haya un acuerdo. Eso va a permitir que se sostenga este límite.
En los últimos años, los padres hemos aprendido más de crianza, potenciado el bienestar, y ya no se valida el uso de castigo físico para disciplinar a los niños. En ese sentido, los profesionales de la salud mental tenemos que analizar y entender las mejores prácticas en torno a las familias, los vínculos y ecosistemas de bienestar en entornos digitales y presenciales.
Este es uno de los temas dentro del V Congreso Internacional de Psicología, de la Universidad Gabriela Mistral, que llevaremos a cabo el 7 de octubre de manera online y gratuita.
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