Elecciones

Lula, el viejo ídolo progresista que reivindica su vigencia frente a la ultraderecha

A sus 80 años, Luiz Inácio Lula da Silva busca un cuarto mandato presidencial impulsado por la defensa de su legado social y el rechazo al bolsonarismo. El líder brasileño llega al balotaje con una trayectoria marcada por su origen sindical, sus programas contra la pobreza y las controversias que siguen rodeando a su entorno político.


El presidente de Brasil y candidato a la reelección, Luiz Inácio Lula da Silva, tiene 80 años, pero asegura que mantiene la energía y la motivación para seguir gobernando. Dos objetivos, sostiene, lo impulsan: defender las políticas sociales que marcaron sus anteriores administraciones y evitar el regreso de la ultraderecha al poder.

En la primera vuelta de las elecciones, celebrada el 4 de octubre, Lula obtuvo el 45,16% de los votos válidos y quedó detrás del senador Flávio Bolsonaro, quien alcanzó el 47,03%. Este domingo, ambos se enfrentan en una segunda vuelta que definirá quién gobernará Brasil durante los próximos cuatro años.

Si consigue la reelección y completa el mandato, Lula habrá ejercido la Presidencia durante cuatro períodos, aunque el actual es su tercero. También se convertirá en el mandatario de mayor edad en ejercer el cargo en la historia del país.

Su edad, sin embargo, no ha ocupado el centro de la campaña como ocurrió con la del expresidente estadounidense Joe Biden. En los actos electorales, Lula intercambia gestos de afecto con la primera dama, Janja da Silva, recorre los escenarios con agilidad y mantiene un discurso enérgico ante sus seguidores.

La salud y la energía como argumentos personales

Lula ha atribuido parte de su condición física a una rutina de ejercicios que, según ha contado, incluye dos horas de gimnasia al comenzar el día.

“Físicamente, estoy mejor que cuando tenía 60”, ha afirmado el mandatario, quien también ha hablado públicamente sobre su salud y los tratamientos médicos a los que se ha sometido.

Más allá de la actividad física, el presidente sostiene que su principal motivación es mejorar las condiciones de vida de los sectores populares. Se trata de una causa vinculada con su propia historia.

Nacido en Garanhuns, en el empobrecido nordeste brasileño, se trasladó durante su infancia a las periferias de São Paulo. Allí comenzó a trabajar como tornero mecánico y, con los años, se convirtió en uno de los principales dirigentes sindicales del país durante la dictadura militar.

Su trayectoria política quedó estrechamente ligada a las huelgas obreras de finales de los años setenta y comienzos de los ochenta. Décadas después, aquellos episodios continúan formando parte central de su relato público.

En agosto, durante el lanzamiento de su campaña, Lula reunió a sus seguidores en un estadio asociado a las movilizaciones sindicales que encabezó. El acto combinó la evocación de aquellas luchas con la defensa de su trayectoria presidencial.

El legado de las políticas sociales

La llegada de Lula a la Presidencia en 2003 representó un hito para un dirigente surgido de la clase trabajadora en uno de los países más desiguales del mundo.

Su experiencia personal suele aparecer en sus discursos como argumento para defender las políticas de redistribución y los programas de apoyo a las familias con menos recursos.

“Ya viví en una casa donde entraba metro y medio de agua durante las inundaciones; sé lo que es limpiar después, toda esa cantidad de barro y de sanguijuelas… por todo eso yo pasé”, recordó recientemente.

Durante sus primeros dos mandatos, entre 2003 y 2010, su Gobierno impulsó programas sociales como Bolsa Família, una iniciativa de transferencias económicas condicionadas dirigida a hogares de bajos ingresos. El programa contribuyó a ampliar la protección social y se convirtió en una de las principales marcas de sus administraciones.

En su tercer mandato, iniciado en 2023, Lula ha defendido la continuidad de esa agenda y la necesidad de mejorar los ingresos de los trabajadores.

Entre sus propuestas figura modificar la jornada laboral para avanzar hacia una semana de cinco días de trabajo, frente al esquema de seis días que todavía se aplica en numerosos empleos brasileños. La iniciativa forma parte de un debate más amplio sobre las condiciones laborales y la conciliación entre trabajo y vida familiar.

“Quiero que el pueblo suba un escaloncito social cada año, transformar Brasil en un país de clase media”, afirmó en una entrevista reciente.

El discurso presidencial también ha incorporado con mayor frecuencia asuntos relacionados con los derechos de las mujeres, la prevención del feminicidio y la responsabilidad de los hombres frente a la violencia de género. En ese terreno, la primera dama, Janja da Silva, ha tenido presencia pública como defensora de distintas causas sociales.

El rechazo al bolsonarismo

La otra gran motivación que Lula plantea para continuar en la Presidencia es impedir el regreso del bolsonarismo al Gobierno. En esta elección, su principal adversario es Flávio Bolsonaro, senador e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, quien perdió las elecciones de 2022 frente al actual mandatario.

Jair Bolsonaro cumple una condena de 27 años de prisión por delitos relacionados con el intento de golpe de Estado, según la sentencia dictada en su contra. Su figura, pese a estar fuera de la competencia electoral, sigue teniendo influencia en la derecha brasileña.

Lula ha advertido repetidamente sobre el riesgo que, a su juicio, representa la ultraderecha para las instituciones democráticas.

“La extrema derecha siempre va a trabajar con la perspectiva de dar un golpe”, ha señalado en declaraciones anteriores.

Sin embargo, el escenario electoral también está condicionado por factores económicos y por las críticas que enfrenta el Gobierno. Aunque el desempleo se ha mantenido en niveles bajos y la inflación ha mostrado períodos de moderación, el costo del crédito y el endeudamiento de los hogares siguen siendo motivos de preocupación para numerosos brasileños.

La desaceleración económica añade presión a una campaña en la que el oficialismo intenta defender sus resultados, mientras la oposición busca capitalizar el descontento con la situación cotidiana.

Las controversias que persiguen al presidente

La corrupción continúa siendo otro de los asuntos sensibles para Lula y su entorno político. El escándalo conocido como Lava Jato marcó profundamente su trayectoria: el mandatario fue encarcelado en 2018 tras una condena que posteriormente fue anulada por decisiones judiciales que cuestionaron la competencia del tribunal y la imparcialidad del juez que llevó su caso.

Aunque esas resoluciones permitieron su regreso a la competencia electoral, el tema sigue presente en el debate político brasileño.

También se han difundido informaciones sobre investigaciones que involucran a personas de su entorno. Entre ellas figura su hijo mayor, Fábio Luís da Silva, mencionado en pesquisas sobre presuntos vínculos con lobistas relacionados con contratos públicos. Cualquier responsabilidad penal debe establecerse a través de los procedimientos judiciales correspondientes.

Además, algunos aliados políticos del presidente han sido vinculados en informaciones periodísticas con el caso del Banco Master, una controversia financiera que ha alimentado cuestionamientos sobre las relaciones entre intereses privados y actores políticos.

Estos antecedentes representan un desafío para una candidatura que reivindica la protección de los sectores populares y la defensa de las instituciones, pero que también debe responder a las críticas sobre transparencia y probidad.

Una elección que pone a prueba su legado

Lula llega al balotaje con una trayectoria excepcional: pasó de dirigente sindical a presidente, volvió al poder después de enfrentar procesos judiciales y ahora busca prolongar su proyecto político más allá de los 80 años.

Sus partidarios destacan los programas sociales y su compromiso con los trabajadores. Sus adversarios, en cambio, cuestionan la gestión económica y utilizan las controversias de corrupción para disputar su credibilidad.

La elección enfrenta, por tanto, algo más que dos candidaturas. También pone en discusión el balance de los gobiernos de Lula, la influencia de la familia Bolsonaro y el rumbo que Brasil seguirá en materia económica, social e institucional.

El presidente ha evitado presentar públicamente la derrota como una posibilidad y mantiene un tono optimista en sus actos de campaña. Su explicación resume la manera en que busca conectar su edad con su trayectoria política: “Solo envejece quien no tiene causa”.

Notero Regional

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